Donde no es infierno
Pienso en los lugares en los que viví. La atmósfera de cada lugar es diferente, la música, el color, el ritmo. Como en los libros. Libre sós de comértelos. Pero ciertos libros te comen. Otros te siembran. Y así renacemos. Renací el día en que me mudé de aquél estrépito. Allí no había música, solo acordes dislocados, de locos. Color definitivamente negro. A lo oscuro por lo más oscuro, decía Marguerite Yourcenar en “Opus nigrum”. Oh, sueño de nigromantes: mudarme. Pero eran bellos los amaneceres y los atardeceres. Curiosamente, o no tanto, dada la profusión de ventanas en la planta alta. Aunque la sinfonía del sol no pudo contra los solecismos despiadados del ruido. Y la furia posterior me iba limando los atardeceres. Como los cortes de árboles para construir paredes. Capturé una última sonrisa del sol desvaído a través de la hendija antes de que la ocultara el ladrillo y me...