Mostrix II
Llegaron de madrugada y tomaron el dpto
contiguo al mío.Y mi paz. Ellos, tres, con otro en
camino. Yo y mis dos gatos. Caja de zapatos el
dpto de ellos. Además paredes estereofónicas.
Tuvimos una breve temporada de enseñar
dientes y fingir urbanidad. Para mutar en
infierno no musical sino de gritos y aullidos
bestiales. No solo tomaron mi paz. La
destruyeron en mil pedazos. Y cada esquirla se
la incrusté a cada uno por sus orificios, y hasta
creé nuevos por no desperdiciar, vio? No son
tiempos. Fingí, pedí, rogué, grité, golpeé, aullé a
la par, regalé libritos , puteé cada mañana en
vez de saludar al sol, festejé cada rara salida,
me tendí exageradamente al aire y levité sin gas.
Les di muertes por asfixia, bombas,
envenenamiento, apuñalamiento,
empalamiento. Pero eran plagas resistentes
criadas en el resentimiento de clase y
adoctrinadas en las férreas e imperforables
estructuras heteropatriarcales y religiosas.
Mandatos hasta más allá de las muertes. No
lidiaba con cualquieras. Belcebúes de pura cepa.
Culos de amianto. Bolas de acero. Cuero curtido
a 60º centígrados en el altiplano. En eso estaba
cuando un verano atípico llovió varios días
seguidos. Lluvia mansa de la Patagonia sobre
tierra áspera. Creció un hongo en el patio
común.Tamaño olla mediana tirando a grande.
Pero el hongo resultó en planta carnívora que
una mañana erupcionó pustularmente. Grano
mortal expelido para chupar a toda la familia
Mostrix. El silencio fue soleado y nutriente. Solo
se escuchaba, muy a lo lejos, Breakfast in
América de Supertramp. Y el breve chillido de
un osito que pisé al salir.
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